viernes, 20 de febrero de 2026

SATURNO-NEPTUNO EN EL ARRANQUE DE ARIES (parte 4.)

OTRO MOJÓN DEL PASADO EN NUESTRO VIAJE HACIA ATRÁS: EL AÑO 1.742 ANTES DE CRISTO.


1.742 ANTES DE CRISTO
Vamos a situarnos ahora en el siglo XVIII antes de Cristo, por diferentes motivos. El ppal. es nuestra hipótesis astrológica: el 10 de abril de 1741 aC (calendario juliano), se hizo la conjunción a cero de Aries entre Saturno y Neptuno. No tenemos obviamente documentación histórica precisa respecto de esos días pero sí podemos ver de manera amplia el nivel de lo manifestado cultural y políticamente. Esto sólo vale para el Hemisferio Norte, tal como dijimos para los casos anteriores, lamentablemente los cambios ocurridos en dicha época en nuestro hemisferio sur no quedaron documentados para la historia, más que vagamente.

En este caso vamos a destacar dos sucesos: Hammurabi por un lado y las invasiones indoeuropeas por el otro.Todo estudiante de Historia recuerda la importancia, si cursó Historia Antigua, del famoso siglo XVIII antes de Cristo, ligado sobre todo a las “invasiones indo-europeas”, la irrupción de los hicsos a Egipto, etc. O sea: UN HITO.

Empecemos por Hammurabi. Encontramos un suceso puntual y partil en la Mesopotamia, ligado al ciclo Saturno-Neptuno que hoy nos ocupa: en el año 1742 a.C., este rey babilónico ya había consolidado un vasto imperio con sede en Babilonia (actual Irak, cerca de Bagdad) y se lo había legado a su hijo y sucesor, Samsu Iluna. 

Hacia 1750 antes de Cristo había promulgado su famoso “Código de Hammurabi”, uno de los compendios de leyes más antiguos y completos de la historia escrita del hemisferio norte. Quedó grabado en una estela de piedra. Aunque se la encontró en Susa en 1901, se sabe que el código fue creado originalmente en Babilonia (Mesopotamia). La estela estaba en Susa (actual Irán) porque probablemente fue llevada allí como botín de guerra por los elamitas (reino de Elam, previo al reino persa) quienes saquearon Babilonia en el siglo XII a.C..Este código reguló la vida social y económica de la región, directa o indirectamente, por muchos siglos. Su fundamento era la famosa “ley del talión”: ojo por ojo, diente por diente.
O sea que, por un lado, tenemos este hecho histórico datable y corroborable: Hammurabi había terminado su ciclo y dejaba paso a un sucesor. ¿Cómo podríamos leer esto a la luz de la conjunción Saturno-Neptuno del momento?
Hammurabi había sido reconocido por ser un administrador capaz, diplomático astuto y un líder militar imperialista que unificó Mesopotamia. Y como ya vimos, tambien se destacó como legislador visionario.
El código de Hammurabi, fuente: Dreamstime

Podríamos decir que era un gobernante "neptuniano" puesto que se definía a sí mismo como el "pastor" de su pueblo, a quien decía servir y a quien destinaba sus esfuerzos por darles bienestar y justicia. De hecho, el famoso código con su fórmula del talión (ojo por ojo, diente por diente) fue pensado para favorecer a los más vulnerables, como las viudas y los huérfanos, hasta ese momento sujetos, por sus deudas, a todo tipo de atropellos por el lado de los más poderosos. O sea, era un justiciero. Y como le suponemos a la vez tendencias de neptuniano inverso, supo organizar una burocracia eficiente para la recaudación de impuestos y la administración agrícola y de infraestructura. Babilonia indudablemente creció mucho bajo su mandato.

Ahora bien: ¿qué pasó apenas la corona pasó a su sucesor? Algo reiterado una y mil veces en la dinámica de las sucesiones en el poder. La imposibilidad del hijo de sostener todo lo que su padre había construido, a veces por motivos ajenos a sus deseos como levantamiento en las fronteras, es cierto. Pero la mayoría de las veces por su falta de liderazgo. O sea, intuimos que se presentó un "diseño arquetípico" muy del tipo Neptuno-Saturno.

Pareciera que a medida que avanzamos por la historia, la "vastedad cósmica" de aquel Neptuno que el templo de Gobekly Tepe había querido representar en sus columnatas, se va achicando y pasando, primero por la logia de los sacerdotes de los templos. Y ya en línea directa, por el psiquismo de un modelo de gobernante que de ahora en más será un clásico: el carismático-"populista" dirían los europeos. 

¿Y Saturno? Pues de la misma manera que el achicamiento del plano sagrado opera sobre Neptuno, lo hace sobre el "recipiente" saturnino. El padre poseía un Saturno capaz de albergar sus periódicas desmesuras de "pastor de su tribu", pero ya su hijo no. Este había quedado infantilizado o difícilmente parangonado ante semejante antecesor.

Un análisis bastante psicologista anacrónico es éste, me lo digo a mí misma con crudeza. Sin embargo, me ayuda a no perder el hilo de una hipótesis de más largo alcance que intento mantener viva. El de un paulatino achicamiento y terrenalidad de vuelo raso, a medida que "avanzamos" en la historia para esta dupla de planetas destinados a una sintesis digna de mejor causa.

Y ENTONCES... ¡LLEGÓ DESEMBOZADAMENTE EL PATRIARCADO! 
Sl: PASEMOS A LOS INDO-EUROPEOS
La cultura mesopotámica inicial ya había sido sembrada por las de los sumerios, a quienes vimos incipientes durante el mojón anterior, antecedidos por la cultura de El Obeid. Se habían convertido en líderes regionales en materia de escritura, de agricultura y de observación de planetas y estrellas. También por los acadios quienes ya mostraran apetitos imperiales. Luego llegaron los amorreos (semitas) y otros pero ninguna de estas culturas eran indo-europeas.

No hubo una "invasión indoeuropea" masiva y única en Mesopotamia. Sí hubo migraciones paulatinas con influencia de esta cultura (hititas, casitas, persas) que lentamente fueron trayendo nueva lengua, dioses nuevos… ¡y muy importante, el caballo y el carro de guerra!

En cuanto a dioses indoeuropeos que de a poco se iban adoptando en la zona, figuran deidades védicas como Mitra, Indra y Varuna, que se fueron integrando al panteón mesopotámico aunque con adaptaciones locales. Así se fue armando una mezcla de culturas en la Mesopotamia para que ya hacia el siglo XV antes de Cristo, podamos hablar de migraciones con mayor tinte indo-europeo.

La invasión de los hicsos a Egipto fue por cierto uno de los capítulos más comentados de estas invasiones de "los pueblos del norte".

Fuente: Wikipedia

EL ORIGEN DE LA CULTURA INDOEUROPEA ES UN MISTERIO APASIONANTE QUE AÚN PERSISTE. 
Noten por lo tanto, cuán fértil es para nuestra investigación poner el microscopio sobre esta época, de la cual el año 1.742 antes de Cristo es el mojón partil a nivel histórico-astrológico.

Dos hipótesis han dominado el debate académico acerca de las raíces de esta cultura: la teoría de la estepa póntica-cáspica (norte del Mar Negro y del Cáucaso, actual Kazajistán) o también de la Anatolia (actual Turquía). La primera es sostenida por la arqueóloga y antropóloga Marija Gimbutas quien constata la domesticación del caballo y el uso de vehículos con ruedas, lo que facilitó la expansión en oleadas de su cultura y lengua hacia las poblaciones circundantes, ocurrida ya en el IV milenio antes de Cristo.

En tanto, el arqueólogo británico Colin Renfrew postula una propagación previa en miles de años, ya desde el 6.000 aprox antes de Cristo o sea, en el límite con el Neolítico.

En la actualidad los investigadores prefieren matizar aportes de ambas teorías dando quizá una prioridad a la zona del Cáucaso. Pero las zonas grises continúan velando estos orígenes.

Para el siglo que nos ocupa, hay huellas por ejemplo en el diseño de vasos campaniformes. Y al parecer los indoeuropeos ya se iban expandiendo hacia Francia y península ibérica. En lo que hace a la Mesopotamia y el liderazgo de Babilonia, como vimos, se iban sentando las bases para que llegara hasta la zona la expansión indo-europea.

Pero hubo en este siglo otro mojón fundamental, que también usaremos para marcar el inicio de la conjunción Saturno-Neptuno a cero de Aries. Se trata de la famosa invasión de los hicsos a Egipto ocurrida a partir de año 1782 antes de Cristo, hasta el 1570.

En este caso no eran indoeuropeos puros pero sí una mezcla entre ellos y otros pueblos semíticos del Levante. De a poco fueron ocupando el Bajo Egipto y establecieron su capital en Avaris, en el Delta del Nilo. Por haber sido influidos por la cultura indo-europea, introdujeron en Egipto innovaciones militares clave con el carro de guerra tirado por caballos, la espada curva y el arco compuesto. Aunque fueron expulsados hacia el 1550 antes de Cristo, dejaron una enorme influencia tecnológico-bélica, de la que se nutrieron los faraones del Imperio Nuevo.

Como verán, se trata de una etapa apasionante y por eso, tan ligada en sus cualidades a la conjunción Saturno-Neptuno a cero de Aries que hoy nos ocupa. 

LA INDIA fue otra zona decisiva en esta etapa de grandes cambios a raíz del ingreso de los indoeuropeos. En el siglo XVIII a.C. (1800-1701 a.C.), la región estaba en transición, marcando el final de la Civilización del Valle del Indo. Se fue preparando el escenario para que pocos siglos después, hacia el 1.500 aC, tuviera lugar el inicio del Período Védico, época de composición de los Vedas, textos sagrados compilados en sánscrito que venían siendo transmitidos oralmente desde hacía siglos. Se fueron asentando las bases del sistema de castas del hinduismo, período fundamental en la historia de este subcontinente.

EN NUESTRO CONTINENTE AMERICANO hubo también grandes probabilidades de cambios en esta etapa pero contamos con poca información precisa. Sí sabemos que en el siglo XVIII a.C. Mesoamérica estaba habitada por aldeas agrícolas erigidas en zonas de pantanos y montañas y pobladas por precursores muy antiguos de la civilización olmeca como los Mokaya o Mixe-Zoque. Eran recolectores-agricultores de maíz, calabaza, chile y frijol. Pero aún carecían de estructuras urbanas complejas y no existían esos grandes centros ceremoniales que los olmecas levantaron posteriormente.

En cuanto a nuestra AMERICA DEL SUR, en el siglo XVIII a.C. estaban surgiendo las primeras sociedades agrícolas sedentarias y centros ceremoniales, como la cultura Chavín en los Andes (Perú) y culturas costeras como Caral. Era una diversidad de pueblos con culturas propias y fue mucho antes del gran Imperio Inca.

La Cultura Caral en la zona centro y norte del Perú merece un párrafo como antecedente porque fue clave en las culturas preincaicas. Se desarrolló en paralelo a las culturas de Egipto y Mesopotamia, entre el 3000 y el 1.800 aC, o sea, llegando al umbral del siglo que estamos comentando a raíz de la conjunción Saturno-Neptuno entre cero y uno de Aries.

Era una sociedad bastante articulada, sin hábitos de guerra y regida por castas sacerdotales. Cultivaban el algodón, habían construido canales de riego de factura compleja y… ¡algo muy asombroso, una adelantadísima ingeniería antisísmica … las shicras! Eran unas bolsas de fibras vegetales rellenas de piedras con las que absorbían y amortiguaban los movimientos de los terremotos. Las implantaban en los cimientos de sus construcciones y templos piramidales. Esto generaba estructuras flexibles que moderaban las ondas sísmicas, una técnica que se sigue aún perfeccionando en la actualidad.

Los Caral también tuvieron al parecer conocimientos avanzados de astronomía porque sus templos piramidales estaban alineados con los solsticios de junio y diciembre. También programaban sus actividades agrícolas, pesqueras y ceremoniales con estos eventos solares.

Que el origen de los indoeuropeos aún sea una incógnita, nos vuelve a situar en Neptuno, en este caso en la zona de las incógnitas que permanecen como tales, porque no es posible hallarles causas ni orígenes claros. Semejante impronta cultural, que dio vuelta por completo la historia de la parte más poblada del planeta en ese momento, parece provenir de "lo vasto" de esas míticas estepas del Asia Central. Y el albergue saturnino que las envasó, se correspondería con esas tecnologías fácticas pero también simbólicas como el lenguaje del que fueron portadores. Un "envase" igualmente misterioso y difícil de ubicar en sus puntos originarios.

JOSEPH CAMPBELL describe como crucial la etapa que estamos tratando, en torno del siglo XVIII aC, en su obra “Las máscaras de Dios” (volumen III, Mitología occidental). Fue el período en el que la cultura neolítica centrada en el culto a la Gran Diosa Madre, se fue mezclando con narraciones heroicas de estirpe indoeuropea. Ello dio origen a leyendas celtas, germánicas, griegas y semíticas en las que predominan gestas heroicas masculinas. Por lo general se relatan viajes en los que algún gran héroe debe atravesar pruebas espirituales drásticas. Su hipótesis, de cuño jungiano, es que estas narrativas “enmascaran” una misma realidad mítica universal tras culturas diversas del planeta y en torno a la misma época.

La cultura indoeuropea, según Campbell, marca un cambio hacia narrativas que exploran la mente y el espíritu, con un énfasis en la ley, la profecía y la cosmología, distanciándose de la inmanencia pura de los mitos primitivos.

Los puntos clave de su descripción incluyen:
· Dominio Masculino y Solar: La figura central de la divinidad pasa de ser la Diosa Madre a un panteón de dioses masculinos, a menudo asociados con el cielo, el sol, el trueno y la guerra (como Zeus, Júpiter, Odín o Indra). La autoridad patriarcal se refleja tanto en el cielo como en la estructura social.

· Sociedad Heroica y Guerrera: La mitología indoeuropea glorifica los valores de la nobleza guerrera, el heroísmo y la búsqueda de la gloria personal a través de la batalla y la aventura. El "viaje del héroe" (monomito), concepto central en la obra de Campbell, está muy presente en relatos como los de la Ilíada o las sagas nórdicas.

· Noción Trascendente del Ser: Campbell argumenta que la espiritualidad indoeuropea introdujo una idea de trascendencia y dualismo, donde el mundo material es visto a menudo como una ilusión o un lugar de prueba, y la verdadera realidad se encuentra más allá, en un plano espiritual o celestial. Esto contrasta con las mitologías anteriores que celebraban la inmanencia de lo divino en la naturaleza y la fertilidad de la tierra.

· Individualismo y Búsqueda de Inmortalidad: Hay un énfasis en el destino individual y la aspiración a la inmortalidad o a la superación de la muerte a través de hazañas heroicas o del conocimiento espiritual, diferenciándose de un enfoque más cíclico y comunitario de la vida y la muerte de las culturas agrícolas.

En resumen, Campbell presenta la mitología indoeuropea como un cambio de paradigma fundamental que sentó las bases para gran parte de la mitología y las religiones de Occidente, enfocándose en la acción heroica, la supremacía masculina y una visión trascendente del mundo.

En este punto, presiento que reside el Gran Giro en la deriva que fue tomando esta poderosa conjunción planetaria. NEPTUNO SE TRANSFORMÓ EN MASCULINO, sin más. Saturno desde luego siempre fue considerado como tal. Y así se selló por muchísimo tiempo, quizá hasta el presente, el destino de esta síntesis planetaria, destinada en sus orígenes a ALBERGAR LO VASTO. Pero que terminó malcomprendiendo esa vastedad y retraduciéndola en términos de dominio.

¿QUÉ PODEMOS RECUPERAR DE ESTA LEJANA ETAPA, QUE NOS SIRVA EN ESTOS MOMENTOS?
La principal hipótesis siempre rondó en torno de los "orígenes del patriarcado". Dicho así, suena reduccionista y simplificador, pero es obvio que el derrotero de la historia humana, en todo el globo, fue derivando desde las agrupaciones pequeñas -tribus, aldeas- a las más extensas. Hasta culminar en el expansionismo imperial, presente también en todos los continentes, desde la Antigüedad hasta nuestros días. No hubiera sido posible esta modalidad expansionista sin el dominio del hierro, del caballo y del carro de guerra, presentes todos ellos en estas poblaciones indoeuropeas que irrumpieron en el siglo XVIII dC. Esta condición se dio en el hemisferio norte al este de Greenwich y no se lo percibió de manera exacta en el continente americano. Donde sin embargo, surgieron en la misma época culturas exansionistas y pre-imperiales.

Los cuerpos masculinos fueron siempre más aptos para el dominio de herramientas y utillaje de guerra y domesticación de animales, así como de confrontación cuerpo a cuerpo con enemigos o invasores. Estaba pronto el panorama, por lo tanto, para este dominio de un sexo sobre el otro; por lo menos en el plano externo. Lo cual se vio reflejado en la mitología y las creencias, tal como Joseph Campbell nos lo recuerda.

¿Qué tarea pendiente nos queda de esta etapa, ahora en la nueva vuelta de tuerca del encuentro entre estos dos planetas? No sería descartable que hubiera algo relativo a la diferencia masculino-femenina, en el abordaje de una organización social. El patriarcado nos polarizó y por ello hizo padecer tanto a mujeres como a varones. El presente nos encuentra estallados de disconformidades y anhelos no satisfechos respecto de nuestro vínculo básico. 

Repasar algo de lo que pueda haber quedado sin resolución, desde aquella lejana época, quizá pueda ser útil a nuestro presente. Dónde reside la real fuerza orgánica, qué misterio aún entraña el deseo sexual en lo humano, qué poder mal canalizado impulsa a una comunidad a querer expandirse a expensas de otra... y tantos otros temas que aún parecen calcados de aquellas épocas, reproducidos en nuestro presente.

He aquí la importancia del registro histórico y de la memoria colectiva. No se trata sólo de crónicas ilustradas de siglos o milenios anteriores. Se trata de nuestra especie humana y de su/nuestra lentitud en madurar. En tomar contacto con lo que nos hace específicamente humanos.
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Sigue en PARTE 5, hacer click:  EL AÑO 594 ANTES DE CRISTO  
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